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Abrazos.

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Me canso.

Yo, que vivo a 2000 km de ti, me canso de no ser la que se queda. Me canso de sentir, de mirar, a través de una pantalla y de medir la distancia en lágrimas. Me canso, simplemente, me canso.

Hoy hemos visto amanecer en sitios distintos. Pero el sol es el mismo y mi amor, intacto.

Te juro. Te quiero.

Jugando a la pata coja nos hemos caído
saltando partes importantes de nuestras vidas
como el haber apostado por nosotros.
Me he desgarrado la piel por darte mi alma
y no encuentro una sola noche
en el que la luna me susurre tus sueños.
Me voy a ir de esta maldita ciudad
voy a ocultarme en montañas
hacerme amiga de vikingos
y jugar con elfos.
Voy a poner de bandera la prenda que dejaste olvidada en mi cama
voy a poner de ancla tu corazón
y voy a tripular guiándome por tu mirada.
Te juro que volveré
con la batalla ganada
y escribiré mi victoria sobre tu espalda
arañaré tus dudas con mis manos llenas de heridas
reviviré mis cicatrices para acordarme de por quién lucho
y por quién alzo la bandera de mi vida.
Voy a trepar montañas
regalarte las estrellas
retarle a la luna
ganarle al destino.
Voy a darte calor con un abrazo
mientras despierto tus ganas con un beso
que te llegue al alma
y te abrace en un intenso escalofrío de sentimientos.
Voy a repetirte que t e q u i e r o
en cada uno de…

Voy a tener que...

Voy a tener que dar una patada a mis monstruos.
Siempre apareciendo sin previo aviso.
Dispuesto a quedarse sobre mis hombros
y a bailar sobre mi cabeza. 

Voy a dejar de meterme entre las sabanas para huir.
Voy a dejar de pedirle a la luna que vigile mis noches más solitarias
mientras el lobo le aúlla. 

Voy a tener que darle una patada muy fuerte
para impedir que siga jodiendo mis noches.
Que mis noches sólo me las quita mi último desliz
o mis aullidos nocturnos al amor de mi vida. 

Voy a tener que mandarle tan lejos
para que deje de congelar nuestras risas
o joder nuestras sonrisas. 

Tengo tangas ganas de que se vaya
para poder beber mi próxima cerveza 
y poder reír a carcajadas con ellas
mientras le guiño un ojo a mi dulce corazón. 
Corazón cansado también de tu no-bienvenida presencia. 

Y que sí
bastantes ratos me ha robado
siempre devorándome el aliento
acelerando mi respiración
(como si respirar tranquila hoy en día fuera gratis).

Y como aquellos que dicen
a palabras necias, oídos sordos.
Por los siglos …

Y vuelta.

Y vuelta a las sigilosas despedidas.
Sales corriendo, a escondidas.
Y yo me levanto jugando a la pata coja
saltando entre cada una de las prendas
que dejas en el suelo tras tu última huida
formando un camino
y no precisamente de rosas.
Me consumo como tu último cigarrillo
(ese que nunca es último, sino penúltimo).
Mi voz se rompe como el último acorde de piano que tocaste
que pretendía ser una dulce y romántica melodía
y lo convertiste en un réquiem.
El cielo está completamente negro
y yo vuelvo a ponerme la vestimenta de duelo
(para llorar tu pérdida
y celebrar mi victoria.)
He dejado plantado a mi corazón en un altar lleno de espinas
abandonado por las rosas
escupido por Cupido
formando ríos que desembocan al mar negro
en el que se refugia mi cordura.
Y vuelta a empezar
a las sigilosas despedidas.
A los mensajes sin darle al botón de enviar.
A las dudas en mi cabeza
y al trabajo de mi memoria en recordar qué (coño) ha pasado esta vez.
Vuelta a los baños de espuma con mirada perdida
haciendo testigos a las…

A ti, mi guerrera.

A ti, mi guerrera:
tienes el mayor secreto guardado de toda la humanidad. Has conocido el limbo,
te han presentado al maligno.
Has sobrevolado el cielo saltando de nube en nube.
Has aprendido a contar sumando estrellas,
multiplicándolas por las estrellas fugaces.

Bajaste a los infiernos sin quererlo,
supiste lo que era feo
y lo que estaba mal demasiado pronto.
Ni siquiera te dio tiempo a reaccionar,
¿cómo narices pudiste salir tan elegante de aquello?

Si alguien supiera qué es el infierno
por el que tú has paseado,
no sabría hablar, o tal vez ni siquiera respirar.
Sin embargo tú,
no sólo hablas, sino que cantas no sólo das luz, sino que brillas
no sólo caminas, sino que bailas
no sólo tocas, sino que acaricias
no sólo miras, sino que iluminas
no sólo luchas, sino que ganas.
Dime, ¿cómo alguien tan pequeña puede ser tan enormemente grande? ¿cómo has desafiado al mismísimo diablo
y has conseguido volver a ganarle? Tranquila,
que no te va a molestar más. Que se ha rendido, que ni …

A la de una, dos... y tres!

A la de una,
a la de dos
y a la de … tres. Soplo las velas y pido un deseo.
Quédate.
(Y sigo esperando que se cumpla)

Miro al cielo buscando estrellas fugaces
para cerrar los ojos
y susurrar mi deseo a gritos
(“no porque alguien grite más fuerte se escucha mejor”)
Miro al cielo ansiosa
como el novio que espera en el altar a ver su destino entrar.
Y me repito que aguante,
que puedo encontrar en aquella constelación
la estrella que más brille
y mejor ilumine mis pasos hacia ti.
Y sin embargo,
sólo encuentro constelaciones apagadas.
Camino sin luz pisando margaritas sin pétalos
las mismas margaritas que ayer mirando a la luna
le preguntaba al aire
si me quería
o si no.
¿Adivináis que salió?
A la de una
dos
y… tres. Y repito el cuento una y otra vez.
Para cerrar los ojos y dormirme soñando con tu perfume
sintiendo tus caricias
saboreando versos
y escribiendo besos que nunca nos dimos.
Lo peor es que me quedo ciega
y soy incapaz de ver
que creo que estoy en la última etapa para llegar a Santiago
y me quedan veinte…