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Mostrando entradas de febrero, 2018

P.D. Te quiero.

Dejaste de ser un pájaro que vuela de rama en rama
por ser parte de mi árbol.
Dejaste de ser una abeja
que se alimenta en cada flor
por encontrar su mejor apetito en la más hermosa del mundo.
Acertaste de lleno
como una nota redonda en un compás cuatro por cuatro
como la bailarina de ballet en el cascanueces
como hizo Mozart en su última obra,
que siendo una composición inacabada, es de las más maravillosas que se ha escuchado.
Llegaste a mi corazón,
Cupido dio de lleno.
No le tembló el pulso.
Pensaste que Cupido se equivocaría,
que su flecha sería como aquel avión que cambia de rumbo en el último segundo
como aquel barco que no llega a su puerto
como aquella botella sin mensaje que no llega a destinatario.
Pero no.
Cupido dio de lleno.
El avión aterrizó en mi corazón,
no buscó ningún otro aeropuerto como aterrizaje de emergencia.
El barco siempre llevó buen rumbo,
llegó a mi puerto
y la mujer del pescador le espero con rosas y con ojos llorosos
desbordando alguna que otra lágri…

Tu lista

Contoneo mis caderas
coqueteo con mi mirada
beso con los ojos
soy infiel de pensamiento,
pero muy leal de sentimiento.
Mis labios muestran lujuria,
pero pronuncian con dudas,
reinando siempre un silencio
roto por el cruce de nuestras miradas,
provocando múltiples heridas
que ni con mi saliva
puedo curar.
Te besaré apasionadamente
cuando la luna llena
no quede iluminada en el río Inn
y el piano se calle
cuando en el fondo,
quiere gritar sus acordes más graves.

Cuando deje de ser un número en tu lista,
y dejes de fardar por tu última conquista,
permíteme darte otra pista:
podrás agarrarme de mis rebeldes caderas
jugar con mis pestañas
despeinarme al darme tu aliento
escuchar a base de gemidos
hablar entrecortado por suspiros repetidos.

Podrás reírte a carcajadas,
saborear mis despertares,
cogerme de la mano
y contar mis lunares.

Lástima que lealtad no entre en tu vocabulario. Y que tu lista sea tu trofeo deseado.
La pena es que prefieras
volar todo por los aires, antes que ver tu l…

Nebraska

Quería irme tan lejos
que no pudiese salvar al mundo
como acostumbro cada madrugada.
Que por llegar, no llegase ni a tiempo.
Que me quede atrapada en el pasado,
a una siete horas exactamente.
Quería saber lo que es vivir alejada de monstruos. No puedo enterrarlos,
pero sí darles la espalda.
Todavía me duele el cuello de haber estado tan agachada
perdiéndome las vistas más maravillosas
como es el cielo azul de noche
y las estrellas iluminando mis sueños.
Quiero dejar de oír
(no escuchar)
tus dardos envenenados,
tus balas con forma de palabras.
Qué pesadas son esas personas,
creyéndose reinas del universo,
y no son ni siquiera princesas de sus propios cuentos.
Así que vine a parar a Nebraska. Me refugié en tus brazos. Me protegí bajo tus sábanas. Los monstruos están tan lejos
que ni su reflejo
consigo ver.
Nebraska. 10 grados bajo cero. Pero teniéndote cerca
tengo más calor que nunca (y no me refiero a tener la calefacción en su grado más alto ni a estar sobre la alfombra con dos taza…

Kufstein

Cuando el avión que aterriza
y no lleva más maletas con ilusiones
ni la chica que lee al fondo del avión sonríe,
las cosas no van bien.
Cuando tocas suelo austriaco,
inundado por una capa de nieve.
Cuando el ego de las nubes supera al sol,
éste se esconde
y aquellas esponjas blancas,
a veces grises,
acaparan todo nuestro espacio, las cosas no van bien.
Si cuando aterrizas,
te sabes el aeropuerto de memoria
dónde es más barato el café
qué tren es el que tienes que coger
y ayudas a los turistas a encontrar las calles
es hora de cambiar de destino, cariño. O al menos, aceptar ese camino.
Siempre fui egoísta con la ciudad donde vivo
siempre le pido más. Hay veces
que espero que todo sea perfecto
sin mover ni un solo dedo.
¿Qué narices espero?
Sin embargo,
aunque me ha costado meses adaptarme
conocer a la familia Klinst,
y saber aguantar a la familia Klein
cada vez me cuesta menos regalar sonrisas.
Creí, Creí que conocía mis límites. Creí que tú, Kufstein,
me habías enseñado a base de …

Bienvenidos a bordo!

Pasajeros, queridos viajeros: bienvenidos. Sentíos cómodos a bordo. Sobretodo sentid. Sentid cada aire que respiráis, no perdáis las vistas que os ofrecen vuestras maravillosas ventanas con forma de ojos. No bajéis las persianas para pestañear. Manteneos atentos a las sensaciones. Abróchense los cinturones, puede que haya más de una turbulencia en más de un verso. Y nada más y nada menos, bienvenidos a bordo.
Mis raíces son aragonesas, con motes madrileñas y del valle del Baztán, aunque mi apellido lo confundan con italiano y el segundo con vasco. Amo a mi familia, tengo grandes amigos y un compañero de viaje que admiro. Desde que cumplí los ansiados 18, he vivido en 3 países, me he enamorado de ciudades y personas, pero solo una me ha robado el corazón. Corazón, constantemente en movimiento, con demasiado sentimiento, con ansias cada día de más. Retando siempre a la cabeza, pero saliendo victorioso de las batallas. Desde hace año y medio vivo rodeada de montañas. Mis vistas tienen …