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Vuela


Te echo de menos. Te echo de menos porque hace sol, las terrazas se llenan de sonrisas con sabor a cerveza y los ojos se cubren con gafas de sol.
Pienso en ti y te echo de menos. Voy a intentar no abusar de las metáforas que se crean solas al mirarte. Pero es imposible que no salte la poesía sobre tus pestañas y se creen versos al verte pasar.Ayer me dijiste "aquí seguimos". Y yo seguiré por ti toda mi vida. Seguiré bajo tus pies para quitarte las piedras del camino y tiraré con fuerza de tu sonrisa para sacarte una carcajada. Hace un tiempo me dijiste que te gusta arriesgar y retar. Y yo nunca creí que alguien pudiese ser tan fuerte como has demostrado serlo y quizás el reto haya pasado a un segundo plano, siendo tu primera apuesta: tu corazón.A partir de ahora: ríe. Salta. Grita. Baila. Sonríe. Vuela. Que yo iré volando cuando me lo pidas y me instalaré en tu corazón cuando éste se encoja. Vuela. Que yo estaré en tierra para verte pasar y cogeré impulso cuando quieras arriesgar.

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Párate. Mira. Y escucha.

Alguien me dijo una vez
que el mejor poema se escribía en una partitura
y que “nunca hay que tener miedo a una partitura en blanco”.
Los versos son pentagramas
los sentimientos son silencios
los miedos se marcan con notas graves
y tu pasión con corcheas y semicorcheas.
Cuando la acabes
tendrás la mejor obra bajo tus manos
y la protegerás bajo tus brazos. La escucharás repetidamente como la perfecta canción de la banda sonora de tu vida. La leerás como el poema que dedicas a esa persona
donde la vista se pone borrosa por el mar que se desborda en tus ojos. Y la sentirás como la novia más guapa al decir te quiero ante un altar.
Cuando empieces a componer
a escribir
a crear
a sentir
(a vivir)
pasearán mil dudas por tu mente.
Puede que te sientas en un laberinto sin salida
con miles de caminos entrecruzados
pero recuerda,
todos los caminos llevan a Roma
(y Roma al revés es amor).
Pero antes de rendirte
párate
mira
y escucha. Piensa en el sol cuando te ahogues
y en la lluvia que cae e…

Deja de...

Deja de...
Deja de mirar pantallas congeladas
y mira más los ojos de tu madre
para que aprecies bien
lo guapa que está cuando sonríe.
Deja de tener tus dos manos en pantallas táctiles
y utiliza una de ellas,
para tocarle el culo a la vida y la otra mano para controlar al corazón.
Deja de sentir con la cabeza
y haz más caso al corazón. Que volar no puede hacerlo cualquiera
y la tierra es a veces aburrida para ir tanto a pasear.
Píllate de una ciudad
para tener la excusa de volver ahí. Porque recuerda,
“uno siempre vuelve al lugar donde fue feliz”.
Suma las mariposas que revolotean en tu estómago
y multiplícalas por las veces que esa persona te deja sin aliento.
Respira el aire de las montañas
y duerme (sueña) en una habitación de hotel con vistas.
Guíñale un ojo al destino. Haz testigo a la luna
de tus noches de locura.
Enamórate de tu forma de ser.
Rétale a tus sueños.
Plántale cara a tus miedos. Compón la mejor banda sonora de tu vida,
tira las partituras por la ventana marca el …

Kufstein

Cuando el avión que aterriza
y no lleva más maletas con ilusiones
ni la chica que lee al fondo del avión sonríe,
las cosas no van bien.
Cuando tocas suelo austriaco,
inundado por una capa de nieve.
Cuando el ego de las nubes supera al sol,
éste se esconde
y aquellas esponjas blancas,
a veces grises,
acaparan todo nuestro espacio, las cosas no van bien.
Si cuando aterrizas,
te sabes el aeropuerto de memoria
dónde es más barato el café
qué tren es el que tienes que coger
y ayudas a los turistas a encontrar las calles
es hora de cambiar de destino, cariño. O al menos, aceptar ese camino.
Siempre fui egoísta con la ciudad donde vivo
siempre le pido más. Hay veces
que espero que todo sea perfecto
sin mover ni un solo dedo.
¿Qué narices espero?
Sin embargo,
aunque me ha costado meses adaptarme
conocer a la familia Klinst,
y saber aguantar a la familia Klein
cada vez me cuesta menos regalar sonrisas.
Creí, Creí que conocía mis límites. Creí que tú, Kufstein,
me habías enseñado a base de …