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Conversaciones pendientes



Tu mirada dice que tenemos conversaciones pendientes
que se quedaron ocultas bajo sábanas.

Recuerdo
aquel sábado noche volviendo a tu casa
nuestras ganas provocando incendios en cada paso que dábamos.
Incendios, que al día siguiente serían cenizas esfumadas por el viento.

Era precisamente el viento el que se llevó mi conciencia y mi cordura
al permitirme entrar en tu cuarto
y tirar por la ventana todos mis sentidos.

Acostumbrábamos a querernos sólo con camas deshechas
sábanas por los suelos
y sentimientos olvidados en Atocha.
Mi amor tenía billete de ida pero sobre todo de vuelta.

Perdernos entre sábanas
comernos a besos
y bebernos a cervezas.

Nunca te gustó eso de besar mirando
pero sí de beber mirando
y de perderte besando.

Siempre nos consentimos el último chupito
el último brindis por nosotros
y saldamos nuestras cuentas con las ganas.

De repente decidiste irte de una manera extraña.
Ya no desapareciste aparatosamente
dejando alguna prenda olvidada en el suelo y el móvil sobre la mesa
(Llámame estúpida. Pero así sabía que volverías)

Esta última vez,
tu perfume no impregnaba la habitación
ni la cartera ni el móvil ni las llaves estaban sobre la mesa.
Ni las sábanas cubrían el suelo aquella noche.

                               …            

             Tuve que coserme las alas para salir volando de ti.

             Tuve que lamerme las heridas para curarme yo sola.

             Tuve que arañar a la luna para hacerme más fuerte. 
                             
                              ...


Hoy nos hemos cruzado por la calle
y tu mirada dice que tenemos que hablar,
pero mi cordura dice una cosa
aunque
mis
ganas
digan
lo
contrario. 

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