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Que sí.



Que sí,
que yo también he visto esos ojos
he besado esos labios
que pensé que eran míos
e
hice
míos.

Que conozco perfectamente el mapa de su espalda
y sus manos han tenido mi cuerpo como pista de aterrizaje
los viernes a las 3 de la madrugada.

Que me he ido de cervezas con él
y las risas están aseguradas
y los naufragios en alcohol están sobre aviso.

No me digas más que te has perdido en sus ojos
porque yo he creado un refugio en ellos
cuando me miraba tras la quinta cerveza de los viernes.

Que no me digas más
que tú le quieres.
Porque no sabrás lo que es amar
hasta que no nos hayas visto besarnos.

Que no hace falta que le regales la estrella que más brilla
porque yo le he bajado la luna con una mano
mientras con la otra le regalaba mis sueños.

Que no te justifiques diciendo que te abraza por las noches
porque en sus peores pesadillas se ha refugiado en mis brazos
y ha gritado a sus fantasmas del pasado.

Que no me digas que cuando te mira te deja sin aliento
porque soy yo la que se lo quita
cuando le digo te quiero.

Que me da igual que hayas ido a París con él
y te haya invitado a un café
y hayas paseado por Notre Dame.

A mí no me ha hecho falta que salgamos de la cama
para llegar a lo más alto de la torre Eiffel.
No me hace falta coger un avión para volar
porque son sus palabras las que me trasladan a cualquier lugar de este mundo. Y de otros tantos.

Que no hace falta,
de verdad,
que me digas que te regaló un anillo el mes pasado.


Yo nunca pediré joyas
porque para perlas tengo sus versos
y para risa, tus cuentos. 

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